Dirofilariosis: el gusano del corazón en perros y gatos

MV
Veterinaria Madrid
calendar_today 20 de agosto de 2026 schedule 6 min lectura Salud Animal
Perro corgi tumbado al aire libre al atardecer en verano

Dirofilariosis o gusano del corazón en perros y gatos: cómo la transmiten los mosquitos, síntomas, test de antígeno, tratamiento y cómo prevenirla en verano.

Las tardes de verano en el parque o en la terraza son también la hora de los mosquitos. Y con ellos llega uno de los parásitos más serios para nuestras mascotas: la dirofilariosis, conocida como el gusano del corazón. La causa Dirofilaria immitis, un parásito que vive en las arterias pulmonares y el corazón de perros y, con menos frecuencia, de gatos. La buena noticia es que prevenirla es sencillo; la mala, que tratarla cuando ya está instalada es largo y delicado.

Cómo se contagia: el mosquito es imprescindible

La dirofilariosis no se contagia directamente de un perro a otro, ni de un perro a un gato o a una persona. Siempre necesita un mosquito como intermediario:

  1. Un mosquito pica a un perro infectado y toma sangre con microfilarias, las larvas microscópicas del parásito.
  2. Dentro del mosquito, esas larvas maduran hasta hacerse infectantes. Este paso solo ocurre si hace calor durante suficientes días seguidos.
  3. Cuando ese mosquito pica a otro animal, le deposita las larvas en la piel.
  4. Las larvas migran por el cuerpo durante meses y acaban convertidas en gusanos adultos en las arterias pulmonares, donde pueden vivir varios años.

Varias especies de mosquito pueden transmitirla, incluido el mosquito tigre, que en los últimos años se ha extendido por buena parte de España.

Por qué el verano importa (también en Madrid)

Las temperaturas cálidas hacen que haya más mosquitos y que las larvas maduren más rápido dentro de ellos. Por eso el riesgo se concentra entre la primavera y el otoño, con su máximo en los meses de calor.

En España hay zonas donde la enfermedad es muy frecuente, como las Islas Canarias, y otras de riesgo apreciable en áreas húmedas, de regadío o cercanas a ríos y humedales. En la Comunidad de Madrid la prevalencia es más baja, pero no es cero: hay casos, los perros viajan con sus familias en vacaciones y los mosquitos están cada vez más presentes en entornos urbanos. Si tu perro pasa el verano en la costa, en Canarias o cerca de zonas con agua, el riesgo aumenta.

Síntomas en el perro: silenciosa durante mucho tiempo

Lo más traicionero de la dirofilariosis es que al principio no da síntomas. Desde la picadura hasta que hay gusanos adultos pasan unos seis meses, y aun después muchos perros parecen sanos durante bastante tiempo mientras las arterias pulmonares y el corazón se van dañando. Cuando aparecen los signos, suelen ser:

  • Tos persistente, sobre todo tras el ejercicio.
  • Cansancio en los paseos e intolerancia al ejercicio.
  • Pérdida de peso y de apetito.
  • Respiración rápida o dificultad para respirar.
  • En fases avanzadas, abdomen hinchado por líquido (insuficiencia cardiaca derecha) o desmayos.

Hay una complicación grave, el llamado síndrome de la vena cava, en la que una gran cantidad de gusanos obstruye el corazón. El perro se debilita de golpe, respira con dificultad y puede orinar de color oscuro. Es una urgencia: acude de inmediato a un centro veterinario.

El diagnóstico: el test de antígeno

La prueba básica es un test de antígeno en sangre, que detecta la presencia de gusanos adultos hembra. Se hace en pocos minutos en la clínica o se envía al laboratorio, y suele completarse con la búsqueda de microfilarias en sangre. Si sale positivo, tu veterinario valorará el estado del corazón y los pulmones con radiografías, ecocardiografía y análisis antes de decidir el tratamiento.

Un detalle importante: como los gusanos tardan unos meses en madurar, el test no detecta infecciones recientes. Por eso a un perro adulto que empieza la prevención se le suele hacer una prueba antes de empezar y otra unos meses después. Lo explicamos en este caso práctico sobre cuándo hacer el test de antígeno en el perro. En perros que viven en zonas de riesgo, lo habitual es una revisión anual, que puede aprovecharse para hacer también la prueba de leishmaniosis, otra enfermedad transmitida por insectos.

Por qué el tratamiento en el perro es largo

Eliminar gusanos adultos que viven dentro de los vasos sanguíneos no es sencillo. Cuando mueren, sus restos viajan hacia los pulmones y pueden provocar tromboembolismos, que son la principal complicación del tratamiento. Por eso los protocolos actuales se organizan por fases a lo largo de varios meses:

  • Una fase previa con fármacos que debilitan a los parásitos y eliminan las larvas.
  • Varias inyecciones de un fármaco adulticida, separadas en el tiempo, que solo administra el veterinario.
  • Reposo estricto durante todo el proceso y algunas semanas después: nada de correr, saltar ni jugar, porque el ejercicio aumenta el riesgo de complicaciones.
  • Controles posteriores para confirmar que la infección se ha resuelto.

Son meses duros para el perro y para el bolsillo. Si quieres ver cómo razona un veterinario este proceso, tienes un caso sobre el protocolo de tratamiento de la dirofilariosis.

Prevenir es mucho más fácil

Frente a todo lo anterior, la prevención es sencilla, segura y mucho más barata. Funciona eliminando las larvas que el perro haya podido recibir antes de que se conviertan en adultos. Las opciones más habituales son:

  • Comprimidos o pipetas mensuales, muchas veces combinados con protección frente a parásitos intestinales, pulgas o garrapatas.
  • Una inyección de larga duración que administra el veterinario y protege durante meses.
  • Repelentes frente a mosquitos (collares o pipetas con efecto repelente) como complemento útil, aunque no sustituyen al preventivo.

En zonas de bajo riesgo suele bastar con proteger durante la temporada de mosquitos, empezando antes de que lleguen y terminando cuando ya han desaparecido. En zonas de alto riesgo o si viajas, tu veterinario puede recomendar protección todo el año. Lo importante es no saltarse dosis: un olvido en pleno verano deja una ventana abierta. Y recuerda que no todos los antiparasitarios cubren la dirofilariosis, así que confirma con tu veterinario que el que usas sí lo hace.

El gato es diferente

El gato no es un buen hospedador para este parásito: se infecta con menos frecuencia y suele tener muy pocos gusanos, o ninguno llega a adulto. Pero eso no significa que no le haga daño. La reacción de sus pulmones frente a las larvas puede causar una enfermedad respiratoria que se confunde fácilmente con el asma felina:

  • Tos y episodios de dificultad respiratoria.
  • Vómitos sin causa aparente.
  • En algunos casos, muerte súbita sin síntomas previos.

El diagnóstico en el gato es más complicado: el test de antígeno a menudo sale negativo aunque esté afectado, y hay que combinar varias pruebas. Además, no existe un tratamiento aprobado para matar los gusanos adultos en el gato; el manejo se centra en controlar la inflamación y los síntomas. Por eso en el gato la prevención es todavía más importante, y existen pipetas mensuales específicas para gatos. Los mosquitos entran en casa, así que también conviene valorarla en gatos que no salen de casa si vivís en una zona de riesgo.

¿Y las personas?

La dirofilariosis es una zoonosis poco frecuente. Las personas somos hospedadores accidentales: si un mosquito infectado nos pica, el parásito casi nunca llega a desarrollarse y lo habitual es que no cause síntomas. En casos raros puede formar un pequeño nódulo en el pulmón que se descubre por casualidad en una radiografía. Tu perro no te contagia directamente, y protegerlo reduce el número de animales infectados que pueden alimentar a los mosquitos de tu entorno.

Cuándo ir al veterinario

  • Si tu perro tose, se cansa antes en los paseos o adelgaza sin motivo.
  • Si tu gato tose, respira con la boca abierta o vomita con frecuencia.
  • Si vas a viajar con tu mascota a una zona de riesgo, para planificar la prevención.
  • De urgencia, si hay colapso, dificultad respiratoria marcada u orina oscura.

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de tu veterinario, que te indicará la prueba y la prevención más adecuadas para tu mascota y la zona donde vivís.

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