Encefalopatía hepática aguda en el perro: manejo de urgencia
Labrador de 9 años con hepatitis crónica y cirrosis diagnosticadas por biopsia. Llega estuporoso, con ptialismo y presión de cabeza contra la pared, tras dos días de melena. Tiene ascitis leve, deshidratación y potasio de 2,9 mmol/L.
¿Cuál es el manejo inicial más adecuado?
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A. Diazepam intravenoso para controlar la agitación y la presión de cabeza
Las benzodiacepinas potencian la neurotransmisión GABAérgica implicada en la encefalopatía hepática y se metabolizan en el hígado: pueden profundizar el coma. Si hay crisis, se prefiere levetiracetam.
B. Furosemida a dosis altas para tratar la ascitis y el edema cerebral
La furosemida agravaría la hipopotasemia, la alcalosis y la deshidratación, que aumentan la producción renal de amoniaco y su paso al encéfalo. La ascitis leve no es la prioridad.
C. Enemas de lactulosa, tratar la hemorragia digestiva y corregir la deshidratación y la hipopotasemia
Correcto. La sangre en el tubo digestivo es una gran carga proteica que dispara la producción de amoniaco. Los enemas de lactulosa (tras un enema de limpieza) acidifican el colon y lo vacían; la lactulosa oral se inicia cuando el perro pueda tragar con seguridad. Vigila también la glucemia.
D. Ayuno de proteínas prolongado y, al alta, una dieta sin proteína
La restricción proteica intensa favorece el catabolismo muscular (el músculo ayuda a eliminar amoniaco) y la desnutrición. Tras la crisis se usa proteína moderada de alta calidad, ajustada a la tolerancia.
lightbulb Punto clave
Ante una crisis de encefalopatía hepática, busca siempre el desencadenante: hemorragia digestiva, hipopotasemia, alcalosis, deshidratación, infección, estreñimiento, comida rica en proteína o sedantes. Corregirlo es tan importante como la lactulosa.
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Actualizado: 31 de octubre de 2026 · Contenido formativo para profesionales veterinarios. No sustituye a las guías clínicas vigentes ni al criterio del veterinario responsable.